Huracán de amor

A la hora pactada y desde extremos de la ciudad llegaron. Pronto se dispusieron a la “guardia vieja” y entre charlas bordearon la cuadra para despojarla de basura de todo tipo. Enseguida unos vecinos, en una suerte de desespero, antes de agradecer, le exijían recoger aquí y acullá quejándose de los desechos que llueven desde ventanas y balcones de la beca hacia el pasillo lateral de su edificio… Ellos fueron más educados e incluso se adentraron con escobas en el pasillo.

Justo donde el inicio pusieron fin a la jornada de limpieza. Y con el mismo entusiasmo con que acordaron encontrarse una mañana de sábado para contribuir con la higienización de la capital, con esa alegría de hacer algo en beneficio de todos, decidieron ir a Coppelia casi en autorrecompensa. Entonces acomodados luego al fondo del P-2, una señora se acerca también y, sin demora, los varones le ofrecen su asiento. Estos muchachos me sorprenden y llenan de regocijo esta mañana de sábado. Y esta ciudad, que vive horas extremas, requiere de tales acciones multiplicadas hasta el cansancio. Son 57 en el grupo, nos convocamos todos, solo 14 aparecieron, pero con muchach@s así siempre habrá esperanzas

#1eroSeSumaAlaRecuperación #HuracánIrma #FCOM

Foto: Marcos Paz

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El prodigio del asombro con Nerys Pupo y Enrique Pérez Díaz

Por la magia de la maga, que todo lo bueno se haga

 por Darianna Reinoso Rodríguez

I

El Sol del mediodía trasluce una atmósfera sobrecogedora a través de las cortinas. Varias personas se han reunido en la Sala Federico García Lorca del Centro Dulce María Loynaz. Hay jóvenes y adultos presentes. Solo hay un niño, se llama Diego y anda acompañado de su madre. Tiene 7 años y mucha curiosidad. Han presentado este sábado un libro para los más pequeños y por eso asiste, claro. Ha escuchado que contiene secretos de los magos. Conoce a una de las autoras porque le han leído otros textos de ella, quien además es amiga de su familia. La sala se ha ido despejando. Pero él se queda al final y se acerca a la mesa principal donde está la cuentera. De tanta magia se habló, que la escritora parece una maga también. Tiene una varita en forma de pluma con la que está dedicando la primera página.

-¡Diego!- lo saluda la escritora- Por aquí hay unos trucos que te van a encantar, le dice mientras comienza a hojear el volumen para mostrárselos.

A pesar de cierta timidez con que se aproximó al mostrador –anda hechizado el lugar, no es para menos-, enseguida se dispone a bordear el tablero para quedar al lado de la autora y enterarse mejor del contenido del Abracadabra.

-Practícalos y después me cuentas, se despide.

 

II

Luego de Las aventuras del ratón Pérez (2012), Nerys Pupo y Enrique Pérez Díaz continúan su complicidad -propiciada por la Editorial de la Mujer- en un nuevo texto dedicado a toda la familia y, de manera especial, a los niños: Abracadabra ¡tú haces la magia!

¿Por qué hablarles de magia a los niños?

No es posible vivir sin la magia. Como tampoco es posible vivir sin la amistad, el amor, sin la poesía, sin ver una puesta de Sol o sin leernos un buen libro, responden los autores en la voz de un mago que les da la bienvenida a los lectores.

A lo que Nerys agrega: Mariana, mi nieta de cinco años y fuente de mi inspiración, me dice: Mami, yo sé que la magia es de mentirita, pero mami, ¿cómo suceden las cosas mágicas?

Es una forma de que se interesen por conocer. La magia es una ilusión de la realidad que tiene que ver con ese prodigio del asombro, muy especial en los más pequeños, sobre todo en ese momento de los por qué en su crecimiento, cuando todo lo quieren saber y entender. Y ello también está relacionado con lo real maravilloso que plantea Carpentier, o el realismo mágico de Gabriel García Márquez.

Tiene el mismo formato de la colección Para que crezcas conmigo -también de la Editorial de la Mujer-, y aquí Enrique y yo vamos hablarle (a los lectores) del origen de la magia; de los magos y magas famosas en la historia y la literatura; de enseres y sitios mágicos. Y les presentamos algunos trucos, conjuros y recetas mágicas que pueden hacerles más hermosa la vida.

Así anuncian los escritores al inicio del Abracadabra y así lo cumplen a lo largo de 240 páginas que, además, atraen por su colorido e ilustraciones.

El volumen resulta una propuesta de libro para entretener y educar; para cultivar, además, una cultura general que en este caso tiene a la magia como pretexto; libro que enseguida cautiva con ciertas “recetas mágicas” que reseñan los escritores-magos. Aunque el código de un hechicero dicta que nunca deben revelarse sus trucos, estos autores-magos reconocen su compromiso ineludible con los niños y entonces deciden confiarle algunos sortilegios: el número pensado, los cuatro cuadrados, los dados mágicos, cómo adivinar una ficha de dominó, la moneda cambiante…

Nerys, ¿cómo conoces de estos trucos?

Enriquito me ilusionó, fue como mago.  Él conocía los encantamientos y al tomar la varita,  del sombrero sacamos sobre la magia narraciones nuestras y de otros autores tanto de América Latina (Venezuela, Argentina, Bolivia, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana), como de Europa (Italia, Suecia, España).

Retomamos a Meñique, del francés De Laboulaye, que Martí compila en La Edad de Oro; e incluimos referencia a la leyenda de los reyes magos del Oriente, contada desde la literatura, e incluso, sobre el cuestionado cuarto mago.

Asimismo, quisimos hablarles a los niños de la clonación a través de una historia. En la actualidad, la ciencia posibilita innovaciones y tecnologías que parecieran ciencia ficción o magia. Entonces en Como si magia fuera, recreo lo sucedido con la ovejita Dolly, el primer mamífero clonado, para también suscitarles una reflexión sobre lo ético de estos procedimientos y que, por otra parte, puedan pensar en que aunque sea físicamente parecido lo que se clona, cada cual tiene su pensamiento independiente porque es lo social lo que hace a las personas.

Se dice que existe una magia blanca, la buena, y una negra, quizás la mala. La magia que hacen aquí Enrique y Nerys, ¿cómo es?

La magia nuestra es buena. Y la vestiría de azul, que es el color del amor.

 

Publicado en FilCuba

 

Despedida

Por Darianna Reinoso

Foto: Diego Santana Caunedo

Hace frialdad esta mañana en la Plaza. Son las 7:15 am.
A ambos lados de la calle las banderas agitadas por las manos. Todas las miradas y las cámaras de celulares todas atentas al cortejo fúnebre que se va acercando. Detrás de sí quedan los vítores y las consignas “Yo soy Fidel!” “Viva Fidel!”.

Ya pasa frente mío. El tiempo se detiene. La piel se eriza. El corazón retumba. En el breve instante, un silencio consternado.

Una señora apretuja una foto de él que ha traído consigo. Y las lágrimas le salen desbordadas de los ojos. Las muchachas de mi lado tienen el rostro y el corazón húmedos. Aquel señor se ha llevado la mano al pecho. La joven de verde olivo le reverencia con un saludo militar solemne.

Desfila un hombre inmenso apenas contenido en una caja de cedro, rodeada de flores blancas. Rosas blancas para el amigo sincero. Unas manos continúan agitando banderas. Otras, secan el rostro. Aquella señora rompe en llanto.

Las banderas en el aire. Continúan los vítores…
#HastaSiempreComandante

Al inicio, el Himno Nacional enérgico desde las entrañas como canto de combate otra vez entonado por mambises. Martí presente. Alguien sugiere otro relieve escultórico además de la imagen del Che y de Camilo, considera que falta la del Comandante en Jefe y que pudiera ocupar el edificio del MINFAR. Hay solo una estrella tiritante en el cielo. Una señora la descubre al lado izquierdo del Apóstol, dice que “ahí está el Comandante”. Las consignas nacen espontáneas siguiendo el eco de las voces todas. Los Aplausos. “Yo soy Fidel” “Raúl, amigo, el pueblo está contigo”. La Plaza desborda de personas. Presidentes y representantes de pueblos amigos despiden al Guerrillero del Tiempo y se solidarizan con Cuba.

Quijote barbudo a galope

Por Darianna Reinoso Rodríguez                                                                                                         Dibujo: Fragmento de la obra Susurro entre poetas, de Ernesto Rancaño

La desdichada noticia me sorprendió en la redacción de Radio Reloj. Sería una madrugada de trabajo como otra cualquiera hasta que la alocución de Raúl en el Noticiero del Cierre confirmara lo sucedido. El profundo pesar de la pérdida del hermano admirado, que por encima de su formalidad de militar y de presidente afloraba, hacían cierta la muerte tantas veces augurada por los desagradecidos.

La garganta y el pecho mío se congestionaron. La tensión de mantener actualizado el boletín no dio asomo ni al mínimo bostezo o pestañazo soñoliento típico de las jornadas nocturnas.

Una comparte la información con una audiencia nacional y extranjera que puede sintonizar la emisora en cualquier minuto, pero necesité decirle a mi madre. Llamé a mis montañas, la desperté al celular:

-Mami… Fidel murió…

-Alabao, niña…

Y en silencio quedamos unos instantes. Ahora éramos dos con una respiración densa y el corazón apretujado.

Pero no me salieron lágrimas, lo confieso. Quizás la rutina tempestuosa que estableció la noticia en el piso 8 del Instituto Cubano de Radio y Televisión marcada por la inmediatez, no lo permitiera.

Sí lloré profundamente cuando la muerte de Chávez ¿Cómo era posible que el hijo de Bolívar, tan joven aún, con tanto más por hacer por su país y América toda le fuera arrebatada la vida por aquella odiosa enfermedad? ¿Cómo la vida y Dios pueden ser tan injustos a veces? Y pensaba también entonces: “ay, Dios, y cuando muera Fidel…” Qué bueno que lo tenía vivo aún, pero aquella idea de que el Comandante de la Revolución Bolivariana ya no estuviera, me conllevaron de algún modo a creer que Fidel podría querer llevárselo consigo la atrevida parca… Creyéndolo inmortal pensé que algo así no podría suceder porque no imagino una Cuba sin Fidel. Pero si ocurriera, pensé, las lágrimas no me alcanzarían…

La Habana ha estado silenciosa en estos días. Cuba entera de luto. Pero no he llorado. Anoche fui a la Plaza a despedirlo. Cuando entré al Memorial cuán sobrecogedor me resultó el lugar. Al estar frente a su imagen en la Sierra con la mochila y el fusil de guerrillero al hombro, sentí un silencio al unísono en la sala. Los latidos míos acelerados y la respiración cortante quedaron mudos. Un ángel pasó. Y tampoco lloré, lo juro.

Siendo oscura esta madrugada en la que se ha sumido nuestro país desde el pasado 25, escuché esta bella canción compuesta por Raúl Torres . Estoy triste. Y solo una lágrima demorada y cálida me brotó del lado izquierdo. Solo una, lo juro.

Cabalga lejos, Quijote barbudo mío y de Cuba, Comandante de la esperanza.

#QuijoteMío #RebeldePorSiempre #BarbudoGigante

#ComandanteDeLaEsperanza #ComandanteDeLuz

#HastaSiempreComandante

Com.paz melódico

Imagen: Tomada de Clube da Recreaçao

Son las 5:45pm de este jueves y a través de las paredes de la Facultad de Comunicación (FCOM) ya no se escucha el eco de las aulas, ni el de los constructores en su faena. Otro sonido recorre los pasillos y destaca en el segundo lobby. Uhh… Uhh… No es el viento coqueteando entre las hojas, esta melodía tiene diversos matices vocales al unísono. Tiene un compás musical diferente. Tiene Com.paz feconiano.
Uhh…
Uhh…
Uhh..
¡Tres y…! Leydis Andrea está a la batuta y describe música en unas siluetas con las manos. Trazos en el aire que sigue como pauta cada voz atenta. La directora amateur en un momento define el tiempo (4×4) e irrumpe luego –con estilo- con una palmada, un chasquido, con un ritmo otro que marca con el pie derecho y, además, se balancea un poco en el lugar. Dice que se trata de aprovechar la dinámica y con la mirada también le pide redondear mejor la voz a Claudia Bárbara en el registro agudo –difícil- de “como mi llanto y me he callado…”

Continúa la sonoridad, pero el buen oído de Andrea es exigente: Se nos fue la afinación, reconoce. Vamos desde el principio.

Quince feconian@s integran Com.paz -estrenado en el reciente Festival de Cultura- con sonoridades de soprano, mezzo y contracto en una estructura coral de primera (agudo), segunda (medio) y tercera (bajo) voz.

“La era está pariendo un corazón”, de Silvio Rodríguez y con arreglo coral de Reynaldo Montalvo es la primera pieza completa del conjunto. Su repertorio aún está en montaje e incluye temas como “La palomita”, del folclor latinoamericano en dialecto quetchua; “Color esperanza”, de Diego Torres y un “Popurrí de música popular cubana”.

Desde su debut, Com.paz continuó trabajando en sus propuestas los lunes y miércoles; ahora sucede así cada martes y jueves en el mismo horario (5:30pm). Otros interesad@s en sumarse aún pueden asistir a los ensayos.

Entre las presentaciones próximas del coro de FCOM sobresale la prevista el 21 de abril en el Aula Magna como parte del Festival de Música de Concierto de la Universidad de La Habana.

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El coro de FCOM debutó durante el Festival de Cultura de la Facultad en marzo pasado.                                            Foto: Beatriz Pérez Alonso

Paulito, la lata rumbera, la cámara y un beso

Paulito (1) Paulito (2) Paulito (4) Paulito (3)Qué sentido tiene la enumeración anterior? Esa fue mi experiencia con Paulito hace unos días. Así lo conocí. Él se creía futbolista y pateaba una lata de un lugar a otro. Sin notarlo aquella lata-rumbera se detuvo en mis pies y él me miró convidándome a jugar. Y sí que es bueno, porque anotó varios goles conmigo. Nos divertimos por unos minutos. Y me preguntó mi nombre. Despierto como es, descubrió la cámara que llevaba y me pidió que lo fotografiara. Yo creo que burlándose de mí, posó como el mejor de los porteros -ni una sola vez anoté-. Quiso verse y también presionar el obturador. Enseguida enfocó a sus padres y a su abuela y los retrató. Creo que además, sería un buen fotógrafo. Ya se iban y nos despedimos con un beso.

Las «grutas» de una vida

Por Darianna Reinoso

ARTEMISA.— Muchas veces se aventuró en montes, cuevas, cementerios y conventos, desentrañando la historia que la naturaleza custodia con recelo, algo que no sospechan sus alumnos de Medicina, Derecho y Estudios Socioculturales. De ello dan fe cuadros colgados en la sala-comedor de su casa: memorias gráficas de expediciones espeleológicas y hasta de un recorrido por los dólmenes de la Sierra de Alarar, en España; las ruinas del cafetal Santa Catalina, en Soroa, plasmadas en una plumilla del pintor Léster Campa, y un calendario maya.

Cuando comenzó a estudiar Medicina, el doctor Sergio Márquez Jaca descubrió primero la necesidad de vincularla a la espeleología y, después, a la antropología. Empezó a buscar libros, folletos… y un día se presentó en la Universidad de La Habana ante la persona mejor preparada en esa materia, el doctor Manuel Rivero de la Calle. Ser alumno ayudante de Medicina Legal y una especie de aprendiz adjunto al doctor Rivero le permitió asistir a conferencias y consolidar el aprendizaje.

Lo cierto es que aquel principiante terminó por hacer prospecciones arqueológicas en alrededor de 14 sitios e investigaciones histórico-antropológicas —premiadas en eventos provinciales y nacionales de Patrimonio—, que lo hicieron merecedor en 2007 de la distinción Capitana Isabel Rubio, por su contribución al rescate de la historia local, y en septiembre de este año del Premio Luis Montané, que otorga la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), en reconocimiento a su labor arqueológica dedicada a la historia.
Este hombre, especialista de Segundo Grado en Medicina General Integral, me recibió en su vivienda, en el municipio artemiseño de Candelaria, e insistió en que llegara puntual al encuentro porque, aunque estaba de vacaciones, durante la tarde tenía previsto visitar a un paciente.
Al llegar, Sergitín, su hijo de siete años, me invitó a compartir la programación de la tele mientras la abuela explicaba que «Sergio no tarda, fue a comprobar la recuperación de un vecino. Así es siempre, sale a atender a cualquiera que lo necesite».

«Cuando adolescente, las novelas de aventuras de Julio Verne despertaron en mí un espíritu de exploración, de búsqueda…», rememora Sergio mientras iniciamos la conversación.
«Por otro lado, las historias de mi padre sobre sus viajes al cabo de San Antonio como buscador de tesoros y las películas de Indiana Jones me condujeron por los caminos de la espeleología. Creo que en ello hubo algo genético. Tal ímpetu de soñar con esos mundos… es como quien se descubre pintor o cantante.

«A principios de 1980 nos reunimos un grupo de interesados en el campo de la espeleología. Y en viajes de fines de semana y durante los períodos de receso docente, iniciamos esa aventura con intenciones definidas.

«Dividíamos el año en dos períodos: el de gabinete y el de exploración. Durante los meses de lluvia no nos adentrábamos en cuevas por temor a las inundaciones, pero aprovechábamos para realizar las investigaciones documentales. Así aprendí técnicas de excavación arqueológica, a hacer mediciones en una caverna, a trabajar con un mapa…

«Esto devino en pasión y, de manera autodidacta, fue inevitable incursionar en la arqueología y la antropología. Mis estudios fueron sistematizándose; asistí a cursos de posgrado en la Universidad de La Habana, y desde 1985 integro la Sociedad Espeleológica de Cuba».

—¿Cuál fue su primer estudio antropológico? ¿Qué significó?
—El primero fue en 1985, cuando hallamos los restos de la esclava del cafetal San Ramón de Aguas Claras, en Soroa. Lo considero como el trabajo consagratorio, porque resultó correcto, y luego el doctor Rivero así lo corroboró. Entonces comprendí que podía hacer antropología.
El hallazgo de la osamenta de un cimarrón en una gruta del cañón del Río Santa Cruz, en San Cristóbal, fue otro descubrimiento de especial significación para el doctor Sergio. En el argot antropológico los restos óseos reciben nombres. «A estos los bauticé como Felito, porque así se llamó un negro aguador conocido. Me involucré profundamente en su estudio, por lo que hizo aquel cimarrón: escapó de maltratos, de un barracón, se hizo libre y murió libre», evocó.
Precisamente para fotografiarse con los restos de Felito —instantánea que muestra en las paredes de su casa— lució cuello y corbata, una de las tres ocasiones en que lo hizo, además de para su casamiento y como padrino de la boda de un boliviano, estudiante de Medicina.
«Creí que el vestir de ese modo para acompañarlo era como dignificar la rebelión de los esclavos, como rendirle merecido tributo, porque Felito pudo haber sido Antonio Maceo, Quintín Banderas…».

—¿Qué momentos de las experiencias en campaña le resultan inolvidables?

—La solidaridad, las grandes amistades que fortalecí y los momentos de peligro. Participé en dos grandes rescates de espeleólogos, unos atrapados en el cañón del río Santa Cruz y otros en una gruta conocida como Los Perdidos. Tuve que bucear para llegar donde los heridos y en ambas situaciones aplicar mis conocimientos médicos. Un susto importante fue también en una cueva inundada de Viñales. Ahí corrimos contra el reloj y, con el agua casi a los hombros, conseguimos salir.

«Y bueno, desde el punto de vista territorial, aunque solo por motivos más bien teóricos en algunos lugares, la posibilidad de recorrer Cuba, de conocerla mejor para quererla más».
Se considera una persona realizada, especialmente por haber forjado una familia; entonces habla con orgullo de su hija, graduada de Estomatología, y sobre Sergitín, a quien le fascinan los dinosaurios; ¿quién sabe?, quizá cuando crezca lleve una mochila con brocha, picoleta, brújula, linterna, casco y —como su padre— se ausente unos días de casa para retomar sus aventuras con la historia y continuar revelando el pasado.

Pie de foto: El doctor Sergio Márquez Jaca durante el análisis de las características métricas de un cráneo para determinar el sexo y la raza.

Publicado en Juventud Rebelde

Rey Raulín

Por Darianna Reinoso Rodríguez                                                                                                                          Caricatura: Osmel Pons

Otro Rey en La Habana es Raulín.
Si le digo que una gorra lo corona, una pantaloneta mezclilla, ajustada a la cintura por una riñonera, y unos tenis desgastados de tanto andar destacan entre sus atuendos, y que trae el rostro afeitado para acentuar los aires de modernidad, no creería que suman en su vida 65 años de existencia.
Si le explicara que casi todos los días el amanecer lo sorprende tras los pirulíes que representarán su sustento económico y lo duda, llegue a G y 25, en el Vedado, que allí, desde que el Sol acaricia la calle hasta que se despide en el horizonte, podrá encontrarlo, acompañado de su cubeta blanca donde almacena y exhibe los diferentes sabores que ofrece para endulzarle el paladar.
No es zapatero, pero allí sentado la mayor parte del tiempo, ya debe conocer cada calzado que transita por esa acera: el calzado que deja prisa en las huellas, el calzado que anda despacio, el calzado nuevo por esos parajes. Seguro puede avizorar cuál se detendrá frente a su cubeta para llevar un caramelo.
Y es que esa acera se refleja en los espejuelos de Raulín. Le cuesta trabajo levantar la mirada porque una desviación en el cuello le ha dejado la cabeza inclinada. Nació así, con una enfermedad que, además, le inmoviliza un poco el lado derecho del cuerpo y le hace temblar las manos.
Hace varios años que llega a la calle G con purilíes a la venta. No tiene hijos y desde que su abuela no está, la soledad ha invadido su casa. Ahora conversa con el radio en las noches. Dice que todavía en la cocina puede oler el aroma del arroz con leche, cubierto de canela, que tanto le gusta y que solo ella sabía hacer.
Hace varios años ya no deja que la casona le oprima el corazón. La abandona temprano para “hacer algo” porque asegura que, a pesar de todo, la vida es bonita y vale mientras vivas.
Tiene a su Habana, la que su abuela le obsequió hace tres décadas cuando se despidió de Cabaiguán, al ambiente de la cuidad y a su fiel compañera de la “luchita diaria”, la que no le reclama si cogió el ómnibus equivocado –porque “con calma, en la otra parada retornamos o subimos a la ruta correcta”-, la que lo espera con paciencia: su cubeta.
Y si lo saluda, notará su voz aguda, con una S que arrastra desde su garganta hasta que los labios la dejan escapar, porque enseguida le responde con amabilidad y hasta una sonrisa sincera le regala, una de esas que no cuestan tanto y valen mucho. Porque de esta forma, ella le alegraba el día.
Rey Raulín, así se llama. Lo de Rey se le ajusta con el título concedido a los monarcas de un reino. Raulín lo merece pues, en el reino de este mundo, entre las riquezas que atesora tiene el cariño de una abuela y la ciudad que una vez le ofrendaron.
En este atardecer, ha sido un honor, ayudarle a abordar el P-2.

Publicado en Islalsur, Génisis